Aproximación al papel de las comunicaciones mediadas por ordenador en la estructura de la investigación cualitativa.




Es de sobra conocido que la perspectiva discursiva aplicada a entrevistas o grupos de discusión es la herramienta privilegiada cuando se trata de investigación cualitativa relativa al marketing o a la investigación de mercados. En este sentido, bajo la etiqueta “análisis del discurso” se suelen subsumir una amplia variedad de métodos y teorías que remiten a formas diversas de concebir la realidad social y su correspondencia con los propios sistemas de discursos.
 
Yago López – Grupo AEI
Una forma de clasificación –tal vez la más arraigada– podría ser aquella que establece un continuum entre el “análisis de contenido” y el “análisis sociológico del sistema de discursos”, a lo largo del cual se situarían toda una serie de tradiciones, métodos y técnicas consideradas igualmente análisis del discurso pero caracterizadas y diferenciadas el función de (Gutiérrez, 2010):

-     La consideración de uno u otro tipo de “unidad de análisis” como punto de partida (si se estudia el texto, el discurso, las proposiciones, las relaciones que establece, …).
-     El modelo de aproximación e interpretación de los textos, que puede oscilar también en un continuum entre la consideración del texto en sí mismo o el énfasis en el contexto que le da sentido y lo hace posible.


A partir de aquí podríamos diferenciar, como mínimo, entre seis corrientes metodológicas que van del análisis de contenido –cuya unidad de análisis sería “la palabra”- al análisis sociológico del sistema de discursos -que parte del corpus textual de la investigación en su conjunto-, pasando por el análisis temático, categorial estructural y socio-crítico.
 
 Como siempre, la elección de una u otra estrategia se encuentra radicalmente determinada por los objetivos y las condiciones de la investigación, pero parece existir cierto consenso en torno a que el análisis sociológico del sistema de discursos resulta el más exhaustivo por cuanto trae a colación las reflexiones del conductismo Meadiano (Rose, 1974), de la lingüística pragmática (Escandell, 2008), de la etnometodología (Garfinkel, 2006) y de la teoría de los actos de habla (Austin, 2010), entre otras muchas perspectivas. Recogiendo las advertencias que realiza Foucault (1992) sobre los principios que deberían regir el estudio de las categorías lingüísticas –enrarecimiento, discontinuidad, especificidad y exterioridad–,  Gutiérrez del Álamo (2010) ha tratado de formalizar una estructura metodológica capaz de conducir dicho análisis. Casi en forma de telegrama, el método consistiría en:

a)    Determinación de las posiciones desplegadas: quién habla, en nombre de quién y desde qué posición.
b)   Análisis de las configuraciones narrativas básicas: dimensiones esenciales que orientan las posiciones discursivas (en función de la naturaleza del objeto epistémico en liza y de los objetivos de la investigación).
c)    Estudio de los espacios semánticos: exploración de los usos del lenguaje, de los “actos de habla” concretos atendiendo a cómo éstos vinculan o disocian los diferentes abordajes del objeto de investigación. Es decir, los hilos argumentales que conectan las diferentes configuraciones narrativas. Aquí toman especial relevancia las asociaciones, desplazamientos y condensaciones que suelen expresarse en forma de sinecdoques, metonimias, metáforas o metalepsis.

No obstante, el propio Gutiérrez del Álamo (2010: 230) es consciente de que en ciertos contextos (en la investigación de mercados, sin ir más lejos) el equipo investigador puede desconocer a priori el detalle de las dimensiones que articulan el campo de investigación –el mercado– al tiempo que los sujetos investigados articulan muy rápidamente las asociaciones (entre marcas, imágenes, valores, …) que jalonan la estructura simbólica de dicho campo. En estas circunstancias el equipo investigador está obligado a tomar los espacios semánticos como pistas para reconstruir las configuraciones narrativas que estructuran el discurso. Se trata de una cuestión problemática por cuanto los sujetos tendemos a omitir la información que se encuentra implícita en la propia emergencia del grupo (es lo que Garfinkel denomina noción de miembro o competencia comunicativa). En definitiva, el investigador corre el riesgo de encontrarse, a posteriori, con lagunas o rupturas a la hora de interpretar el discurso –que suelen ser solventadas mediante hipótesis de cobertura más o menos elaboradas–.
Es aquí donde adquieren protagonismo las Tecnologías de la Información y la Comunicación y, especialmente, Internet, como espacio privilegiado para la producción epistemológica; como puente entre esas brechas o remansos comunicativos (Lizcaino, 2003): más allá de los desafíos y oportunidades de índole ético que plantean dichas tecnologías (Estalella y Ardévol, 2011), lo cierto es que su misma ontología material se orienta hacia la transcripción gráfica y audiovisual de las propiedades culturales que se atribuyen a los objetos (Donato, 2001). Es decir, a la traducción de la realidad en imágenes; a la generación de esas metáforas, metonimias, sineqdoques, etc. que interpelan directamente a aquellas figuras retóricas, o tropos, que se encuentran en el núcleo del repertorio interpretativo (Wetherell y Potter, 1996). 

Todo ello, sumado a su asincronía y ubicuidad, convierten a los foros, chats, blogs, etc. en contextos de experimentación flexible que inauguran un terreno extremadamente fértil a la innovación metodológica, al tiempo que actúan como vectores de potenciación, enriquecimiento, de otros experimentos tradicionales (como el grupo de discusión o la entrevista). 

En las comunicaciones mediadas por ordenador, «las metáforas han vuelto, una vez más, a asomar sus guiños para ponernos en la pista de lo que se dice como sin decir, como si fueran lapsus del lenguaje común que nos muestran por dónde podemos acceder a sondear en nuestro inconsciente compartido, en el imaginario que nos constituye» (Lizcaino, 2003).

REFERENCIAS
AUSTIN, Jhon Langshaw (2010): Cómo hacer cosas con palabras. Paidós, Barcelona.
DONATO, Joel (2001): “La mediación iconográfica en la interfase humano-máquina (archivo de computadora): el caso de la computadora personal” en Teknokultura, vol.1
ESCANDELL, María Victoria (2008): Introducción a la pragmática. Ariel, Barcelona.
ESTALELLA, Adolfo y ARDÉVOL, Elisenda (2011): “e-research: desafíos y oportunidades para las ciencias sociales” en Convergencia. Revista de Ciencias Sociales, vol. 18, núm. 55, enero-abril, 2011, pp. 87-111, UAM.
FOUCAULT, Michel (1992): El orden del discurso. Tusquets Editores, Buenos Aires.
GARFINKEL, Harold (2006): Estudios en etnometodología. Anthropos, Barcelona.
GUTIÉRREZ del Álamo, Fernando Conde (2010): Análisis sociológico del sistema de discursos. CIS, Madrid.
LIZCAINO, Enmanuel (2003): Transcripción de la conferencia inaugural del Primer Congreso Internacional de Estudios sobre Imaginario y Horizontes Culturales que se celebró en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Cuernavaca, México, del 6 al 9 de mayo de 2003
ROSE, Arnold Marshall (1974): "El interaccionismo simbólico" en TORREGROSA Perís, Jose Ramón (ed): Teoría e investigación en la psicología social actual. Instituto de la Opinión Pública, Madrid.
WETHERELL, Margaret y POTTER, Jonathan (1996): “El análisis del discurso y la identificación de los repertorios interpretativos” en GORDO, Ángel y LINAZA, Juan (comp.): Psicologías, discursos y poder. Visor, Madrid.


 


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